lunes, 4 de mayo de 2009

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Nunca me terminó de gustar esta piracantha, su estirado tronco y sus asperas hojas no me convencían en absoluto pero el nebari que tenía, difícil de ver en una planta de su especie me llamó la atención y opté por comprarla en 2006.


A la espera de verla llena de flores ese mismo año, me quedé con las ganas de hacerlo ya que tímidamente emitió un par de botones florales que rápidamente desaparecieron. Al poco tiempo comenzó a perder alguna hoja que yo iba achacando a los cambios estacionales, tampoco le dí mayor importancia, estas cosas pasan.





Eso si, todavía brotaba con fuerza, no había nada que me hiciese pensar en un destino distinto al esperado, a lo largo del año se comportó como cabe suponer de una piracantha (si obviamos lo de las flores).



Sin embargo me escamó que el tronco comenzase a agrietarse y a exudar un poco de resina, al poco tiempo la planta (o alguien que la controlaba) decidió que ya era hora de desprenderse de una de sus ramas, así que perdió una de las bajas. Con esto, además de no poder disimular la rectitud y "cilindridad" del tronco, comencé a pensar que algo no andaba bien en la planta. Cuando fue la época de trasplante decidí destapar el pastel que tenía bajo tierra. En algún momento aquella planta había sido feliz, sus raíces se extendían por todo el tiesto y las ramificaciones de las mismas casi se habían comido el sustrato, en algún momento de su vida pasada en casa de otra persona la planta se sintió pletórica. Ahora no, casi todas aquellas raíces que llenaban la maceta en estos momentos estaban de un color marrón, negruzco, apagado y mortecino, claro que aquello hizo mucho más fácil ver la colonia de pulgón de raíz que vivía cómodamente en el sótano de mi árbol.

No negaré que estuve tentado de plantar la piracantha en el cubo de la basura, aquello no podía traer más que problemas ya que si añadimos la posible bacteriosis al pulgón lo único que podía ser aquello era un foco de plagas que contaminaría al resto de árboles, afortunadamente aun no tenía la potentilla, sino hubiese sido la siguiente.




A pesar de todo aquello, el mero hecho de recordar lo que me había costado me hizo "perpetrar" un último penúltimo intento por salvarla. Después de eliminar todas las raíces muertas, limpiar el resto con agua a presión y darle un baño con insecticida, volví a colocarla en la maceta con la esperanza de que el pulgón fuese el único causante de su desgracia pero estaba claro que 2008 no iba a ser un buen año para ella.

Durante todo el año pasado el árbol fue perdiendo hojas y ramas, el tronco se agrietaba como si de dentro fuese a salir algo que vi en una película y aunque seguía brotando (no floreciendo) los brotes no tardaban mucho en perder la fuerza y el brillo que suelen tener cuando están sanos.

2009, último intento de trasplante. Esta vez el árbol llegó a estar en la basura pero no podía cerrar la tapa del cubo así que lo volví a sacar, después de comprobar que solo algunos pulgones remolones seguían viviendo en el sustrato, la pasé a una nueva maceta con la esperanza que un cambio en su vida la mejorase (si...vale...ya no sabía que más hacer)........



Cuando comienzas con algún proyecto (sea del tipo que sea) esperas que sea algo duradero y que el fruto de tu trabajo se vea recompensado pero no siempre sucede así, a veces aquello que creías lo más fácil y seguro de pronto termina sin saber muy bien donde has fallado. A pesar de ser un muerte anunciada, siempre pensé que podría llevar este proyecto a cabo. No siempre se puede hacer todo bien.



Saludos.

3 comentarios:

Jose Antonio dijo...

Te acompaño en el sentimiento. Al menos no sufrió. O sufrió menos que tú.

Anónimo dijo...

A las piracantas habría que colgarlas a todas...

No estoy de acuerdo en: "de pronto termina sin saber muy bien donde has fallado". No podía acabar bien.

Semianónimo

juan dijo...

yo es que soy un tio muy sufrio Guerao.... :)


Llevas razón semianónimo, quizas sepamos en parte donde fallamos...

Saludos.